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octubre 18, 2018

CONTROL EMPRESARIAL Y SOFTWARES DE GESTIÓN.

Hace unos meses, uno de nuestros clientes decidió cambiar su software de gestión por uno, aparentemente más moderno y mejor. Dicho cambio tuvo lugar durante una serie de meses. A lo largo de los cuales se diseñaron unos informes más acordes a la gestión de la empresa. Más acordes a las necesidades actuales, incluyendo indicadores de gestión. Al mismo tiempo que se hacían las migraciones de datos.

Una vez que el programa, según la comunicación de la empresa de software, estuvo implantado, nuestro cliente comenzó a utilizarlo. Las primeras semanas, como es habitual, estuvieron plagadas de incidencias. Es decir, de comunicaciones al proveedor para ajustar errores, etc. Dicho proveedor había dado una formación, por lo que las incidencias resultaron ser errores del programa.

Pero estos errores se fueron dilatando en el tiempo. El proveedor no daba respuesta a dichas incidencias, y no solo se mantenían, sino que además crecían conforme nuestro cliente hacía uso del programa. Era evidente a estas alturas que el proveedor no estaba cumpliendo con su parte.

Nuestro seguimiento a la empresa cliente comenzó a reflejar estrés en algunas variables. Tal era el caso del período de cobro, de la productividad, de la eficiencia salarial, amén de otros. La empresa estaba cayendo en barrena, y no sabíamos la causa exacta.

Tras distintos análisis exhaustivos, corroboramos los enormes errores que el ERP (software implantado) estaba cometiendo. Entre otros, por citar alguno, el ERP indicaba que los trabajos que realizaba la empresa a sus clientes estaban realizados. Cuando no era así. Indicaba que los trabajo estaban cobrados, cuando no era así. O traspapelaba órdenes y encargos de clientes, cuando no era así. Algo similar ocurría con proveedores.

La empresa comenzó a tener tensiones de tesorería, por una falta de control. No provocado por aquella, sino por los continuados errores y defectos del Software. Ello obligó a contratar una póliza de crédito. Y lógicamente nos obligó a actuar legalmente contra la empresa del ERP y a rescindir el contrato. Igualmente obligó a nuestro cliente a volver a su antiguo ERP, perdiendo casi un año de trabajo. Y a contratar uno nuevo, mejorando el contrato de prestación de servicios.

Actualmente la empresa se encuentra duplicando sus trabajos, ya que se ve obligada a emplear los dos sistemas. Pero además se encuentra implantando un tercer ERP. La empresa ha perdido facturación, ha visto perjudicado su margen, así como ha visto incrementados sus costes. No entramos en otras valoraciones más delicadas.

Ahora bien, actualmente nos encontramos planteando un recurso contra la empresa de ERP. No solo para la devolución íntegra del coste que le fue abonado, sino incrementando con todo el daño originado.

Desde este artículo queremos mostrar que una empresa ha de estar perfectamente gestionada. Y para ello es imprescindible contar con ERP adecuados. Pero no menos importante es realizar una implantación y adaptación en etapas. En la cual coexistan ambos programas. Igual de importante es la elección de la empresa y del ERP. Pero más importante es prever cualquier tipo de problema que pueda surgir con el proveedor. Desde aquí indicamos que un buen contrato puede ser la base que asegure una debida prestación de servicios.

Mientras tanto sed felices.

JOSE ANTONIO CABALLERO RUIZ