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EMPRESARIO ¿PERSISTENTE O LUDÓPATA? diciembre 29, 2017

EMPRESARIO ¿PERSISTENTE O LUDÓPATA?

Nos gusta comparar la vida del empresario como la de un navegante aventurero, listo para acometer los embates de su propia aventura, como en su día lo hiciera Juan Sebastián Elcano responsable de la primera circunnavegación al globo.

En aquella época de exploración y conquistas, los verdaderos aventureros eran movidos y motivados por simple necesidad, algo raro visto con ojos del siglo XXI, época de “followers y haters”, de escalas de grises, de lo políticamente correcto, época de mucho verbo y menos acción.

En la época de la aventura, la exploración era en si misma una “empresa”, en la que se precisaban muchos recursos materiales y humanos para “emprender” (del italiano “impresa”, participio del verbo “imprendere”), lo que conllevaba un arduo esfuerzo con un alto riesgo y una alta probabilidad de fracaso.

El verdadero empresario se hacía, movido por una verdadera necesidad, sin prestar atención a las posibles derivadas que conllevase el éxito de su empresa (reconocimiento, prestigio, glamour, etc.). No debemos de confundir al verdadero empresario con algunos que tan solo se limitan a seguir las modas, cuales “hípsters” del emprendimiento.

Pero claro está, esta necesidad es una hoja de doble filo. La necesidad motiva al empresario, lo anima y lo apasiona. Esta necesidad mueve y alimenta el esfuerzo y la dedicación que emplea en hacer lo que ha de hacer. La necesidad le imprime valor, más allá de lo razonable y le invita e incita a tomar mayor riesgo. La toma de un mayor riesgo desactiva la posibilidad de dar “paso atrás”, de retirada. El incremento de riesgo refuerza la necesidad primera, acrecentando el estímulo y creando una espiral peligrosa que se retroalimenta, esto es, “la huida hacia adelante”.

Con el aumento del riesgo y el reforzamiento del estímulo, el empresario en no pocas ocasiones comienza a perder la percepción de la realidad para continuar tomando riesgo, transformando su “empresa” en un juego de azar, en una ruleta rusa, y en la que cualquier espectador ajeno, observará que tarde o temprano el empresario pagará las consecuencias de la situación.

La empresa se acaba de transformar en un revolver, y cada toma de decisión del empresario aprieta el gatillo, accionando nuevamente el mecanismo del giro del tambor del revolver que apunta a la sien del empresario, y que impide ver si la bala está alojada en la recámara de la próxima decisión, y que lo acerca a lo inevitable. A estas alturas la persistencia se habrá transformado en terquedad

La persistencia ya obstinada del empresario, la de afrontar cualquier inconveniente que se le presente a cualquier precio, lo convierte ya en un ludópata. El empresario ya no analiza su entorno, sus posibilidades o sus recursos, sino que actúa arrastrado por sus propias decisiones anteriores, capaz de seguir aumentando la “bola” hasta que estalle. El nuevo ludópata tiende a asirse a cualquier “clavo ardiendo” en su huida hacia adelante, en la travesía del desierto que ha iniciado no buscando su tierra prometida, sino su particular Las Vegas, dispuesto a recorrer los casinos del dinero, prestamizando sus posibilidades en un camino ya sin retorno.

La persistencia tozuda del empresario se antepuso a su verdadera necesidad, tomando el control y cegando su razón, lo que le hizo alquilar su creación al mejor postor. Porque su empresa ya no es empresa, sino una creación, un golem que ha tomado vida propia y que gobierna la vida del empresario. Préstamo y prostituta, dos palabras con el mismo origen etimológico, que unen al Golem y a su creador.

Arrancamos un nuevo año, momento en el que se plantean propuestas de cambio. La persistencia es el mayor de los atributos del empresario, pero a su vez el mayor de los demonios a los que ha de enfrentarse. Así que, sé persistente, pero, ante todo, no te olvides de ser feliz.

Jose Antonio Caballero Ruiz